Una falla en una línea de transmisión tumba la red eléctrica y termina dejando a millones sin energía.
Un hospital saturado desvía pacientes a otros centros, que también colapsan por exceso de demanda.
Un fondo de inversión entra en pánico y arrastra al mercado con él.
A veces, una cosa menor desencadena una falla desastrosa. Llamamos a esos fenómenos fallas en cascada.
Una falla en cascada es el fenómeno en el que al fallar uno de los elementos de una red, las fallas se propagan de manera eficiente, generando una caída de la funcionalidad del sistema a nivel general.
Una falla en cascada ocurre cuando una parte del sistema falla, y esa falla aumenta la probabilidad de que otras partes también lo hagan. El proceso se alimenta a sí mismo, y cada nueva falla genera condiciones que facilitan las siguientes. Hay una retroalimentación positiva: el daño no se contiene, sino que se amplifica.
Ahora, no todas las fallas van a tener los mismos efectos. De hecho, dependen de la estructura de la red y del tipo de falla.
Por ejemplo, podemos tener redes en las que las conexiones son más o menos aleatorias, y otras donde las conexiones están organizadas de forma muy jerárquica: unos pocos nodos muy conectados, y muchos otros con muy pocas conexiones; ejemplo de estas son las llamadas redes libres de escala.

Del lado de las fallas, también hay distinciones. Podemos tener fallas aleatorias, donde los nodos se dañan sin un patrón, o fallas dirigidas, donde escogemos atacar nodos específicos, como los que tienen más conexiones.
Así las cosas, las redes aleatorias tienden a tolerar bien los ataques dirigidos (porque ningún nodo es mucho más «importante» que otro), pero son más débiles a las fallas aleatorias, ya que una pérdida distribuida de nodos puede fragmentar la red rápidamente.
En cambio, las redes libres de escala se comportan al revés: son robustas ante fallas aleatorias (es poco probable que un nodo crítico sea afectado), pero muy vulnerables a ataques dirigidos, donde basta eliminar unos pocos hubs para provocar una desconexión masiva.
Por último, recordar que muchas redes del mundo real están conectadas… a otras redes. Si falla la red eléctrica, dejan de funcionar los semáforos y la red de tráfico colapsa. O deja de haber energía para las redes de telecomunicaciones. Entender la forma en que las cosas están conectadas, y cómo se organizan esas conexiones, es importante para poder encontrar los puntos débiles de los sistemas. De esta manera se pueden tomar medidas que eviten que una falla pequeña se convierta en un gran problema.
Para saber más: la primera sección del clásico libro de Network Science de A. Barabási tiene un ejemplo justamente sobre redes eléctricas fallando. Pueden revisarlo aquí.