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El fútbol se juega con pases y redes

Desde hace unos años, el fútbol profesional se analiza con métricas cada vez más sofisticadas. Pero una de las más poderosas (y quizá menos conocidas) viene de la ciencia de redes. ¿Cómo se ve un equipo si en vez de alinearlos sobre el campo, los representas como nodos conectados por pases?

Para eso tenemos las redes de pases: redes dirigidas y con peso, donde cada nodo es un jugador y cada enlace representa cuántas veces le pasó el balón a otro. Se puede construir una red para cada partido, o incluso dividirla en segmentos más pequeños (por mitad, cada 5 minutos). Hay quienes incluyen también las recuperaciones o cualquier evento que implique cambio de posesión.

Un esquemático de una red de pases. Tomada de Buldú et al (2019). Creative Commons Attribution 4.0 International License

Si analizamoes estas redes de pases, empiezan a emerger patrones. Algunas métricas revelan quién conecta al equipo; otras, cuánta libertad tiene un jugador para distribuir el balón. Se puede medir qué tan centrado está el juego, si el equipo se dispersa más cuando va ganando o si ciertos tramos del partido se juegan de forma más caótica. También se puede saber qué tanto se parece el equipo a sí mismo entre partidos. Algunos tienen un estilo muy reconocible y consistente; otros se adaptan al rival, y son menos identificables.

En algunos equipos muy triunfadores, estas redes mostraban métricas óptimas: alta agrupación, conectividad algebraica robusta y caminos cortos entre jugadores. O sea: redes difíciles de romper y muy eficientes para mover el balón.

Estos análisis se han usado ya para comparar ligas completas. Algunos equipos muestran un estilo tan estable que sus redes se parecen partido tras partido. Otros se transforman según el rival. Hay quienes imponen su juego aunque jueguen fuera de casa.

Un ejemplo más de cómo las redes están en todas partes. Y cómo si contamos con datos, podemos salir a la cancha con ventaja.